Alimentación sostenible: cómo debemos comer para cuidar el planeta

"Por primera vez en 200 000 años de historia humana, nuestro modo de alimentarnos no está sincronizado con el ritmo del planeta y la naturaleza". No lo dice cualquiera, sino un grupo de medio centenar de expertos del más alto nivel agrupados en la comisión EAT, destinada a diseñar un nuevo modo de alimentación sostenible y global con fecha límite el año 2050. Los especialistas publicaron el pasado enero en la pretigiosa revista científica The Lancet sus conclusiones, y una de ellas sobresale por encima de todas: es necesario ingerir el doble de frutas y vegetales de los que se consumen actualmente y reducir al mínimo el azúcar y la carne roja.

¿Qué estamos haciendo para destruir el planeta con nuestro modo de comer? La ONU estima que entre un 25% y un 30% de todos los alimentos del planeta acaban en la basura sin ser consumidos. Este ritmo tan elevado de derroche hace que la presión a la producción aumente. A mayor necesidad, más tala de árboles para que existan más suelos destinados a uso agrícola, más pesca que deja los océanos desiertos de peces (pero llenos de plásticos), y más consumo energético en las granjas de producción masiva. Este es solo un ejemplo de las decenas de factores que relacionan dieta y cambio climático.

No solo es una cuestión de respeto por la naturaleza, también por nuestros cuerpos. Hay un elemento que es común en casi todas las partes del planeta. La comida basura. De Colombia a Filipinas, de Senegal a Suecia. Nadie se escapa, a la gran epidemia del siglo XXI. Según la OMS, en el mundo ya hay más población con exceso de peso que personas que pasan hambre. En paralelo, las personas que están alimentadas por debajo de los estándares saludables lleva creciendo tres años, según el último informe de la FAO. Estos dos problemas generan más de 11 millones de muertes al año.

Porcentajes recomendados

La comisión EAT describe una dieta de referencia saludable universal, basada en un "aumento en el consumo de alimentos saludables (como verduras, frutas, granos enteros, legumbres y nueces), y una disminución en el consumo de alimentos no saludables (como carne roja, azúcar y granos refinados) que proporcionarían importantes beneficios para la salud". La fórmula mágica de este grupo de trabajo queda así: el 35% de las calorías diarias debe ingerirse en cereales y tubérculos, casi toda la proteína posible debe provenir de las plantas, pero están permitidos 14 gramos de carne roja por día, así como 500 gramos de verduras y frutas.

Los beneficios de este nuevo modo de alimentarse serían numerosos. Los autores de la investigación estiman que mejoraría la ingesta de la mayoría de los nutrientes, entre ellos los ácidos grasos saludables y se reduciría el consumo de grasas saturadas. "También aumentaría la ingesta esencial de micronutrientes (como hierro, zinc, ácido fólico y vitamina A, así como el calcio en países de bajos ingresos)", recalcan los investigadores.

En comparación con las dietas actuales, las nuevas recomendaciones para 2050 indican que el consumo mundial de alimentos como la carne roja y el azúcar debe disminuir en más del 50%, mientras que el consumo de frutos secos, frutas, verduras y legumbres debe aumentar más del doble. "Los objetivos globales deberán aplicarse localmente, por ejemplo, los países de América del Norte comen casi 6,5 veces la cantidad recomendada de carne roja, mientras que los países del sur de Asia comen solo la mitad de lo deseable", indican los expertos. Los científicos también recomiendan retomar algunas de las prácticas tradicionales de los agricultores y ganaderos autóctonos de cada región, pues ellos mejor que nadie saben cómo frenar la desertificación o sobreexplotación. 

El consumo de carne está en el punto de mira y lo cierto es que existe un intenso debate en la comunidad científica. Mientras que existe un grupo de expertos que señala que un gran porcentaje de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera proviene de esta industria (en concreto de las ventosidades de las vacas), hay otros que defienden que no es comparable al de otros sectores como el del transporte. Aunque todos admiten que la gestión siempre es mejorable.

¿Qué camino tomar ante estos datos? ¿Podemos empezar una pequeña revolución sostenible en nuestro carrito de la compra? ¿Volveremos a permitirnos sin culpa un chuletón la próxima navidad? Una conclusión es clara: algo estamos haciendo más cuando tiramos un 25% de nuestros alimentos y devastamos el planeta para generar toneladas de nuevos productos. Un circulo vicioso al que puede poner fin una dieta: la del 2050.

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