Así fue nuestra visita a las tortugas rescatadas del CRAM

Principios de agosto. Estamos cerca de la playa de El Prat del Llobregat, en Barcelona, pero no para bañarnos ni para tomar el sol. Nos dirigimos a la sede de la Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos, más conocida como CRAM, para entrevistar a su directora, Elsa Jiménez. Mientras yo repaso las preguntas, Gerard Prats –uno de los fundadores de Saigu– está como un niño a punto de entrar en Eurodisney. Pero, ¿por qué será que un químico especializado en cosmética que acaba de crear una marca de maquillaje lo sabe todo sobre el rescate de las tortugas en el Mediterráneo? Nos lo contará más adelante. 

 

 

Acabamos de entrar en las instalaciones del CRAM y, mientras esperamos a Elsa, vemos a un grupo de niños y adultos que están a punto de comenzar su visita. La ONG se creó oficialmente en 1994 pero su actividad comenzó tres años antes cuando una epidemia vírica empezó a traer delfines moribundos a la costa catalana. Así que, un grupo de veterinarios y otros voluntarios comenzaron a atenderles como podían. Con los años se ha ido consolidando y ahora es lo más parecido a un hospital para especies marinas salvajes. Pero no vayamos a pensar que nada en la abundancia de recursos eonómicos, el pilar de su subsistencia son las donaciones privadas y la ayuda desinteresada de los voluntarios.

Curar, investigar y educar

La directora nos recibe sonriente y nos invita a cambiar de edificio para que podamos ver a los 'pacientes'. Aquí donde estamos tienen las oficinas y están las salas donde se recibe a escolares y adultos que vienen a través del programa de sensibilidación. Básicamente les explican por qué sus hábitos diarios son una amenaza para las especies marinas y cómo cambiarlos. 

"La parte de rescate e investigación están muy bien, pero yo creo que la labor más importante que hacemos es la educación, porque es la única manera de cambiar las cosas", nos dice Elsa mientras entramos en el otro edificio. 'Quirófano', 'Neonatos', 'Cámara hiperbárica', son algunos de los carteles que leemos en las puertas de las diferentes salas mientras nuestra guía nos explica para qué sirve cada una de ellas y Gerard va haciendo todas las fotos que puede.

El entusiasmo aumenta cuando entramos en una sala con tanques separados por compartimentos en los que hay tortuguitas de la especie Caretta Caretta que nacieron hace poco y están en observación. Después seguimos hacia las piscinas en las que están los ejemplares adultos y cuesta creer que estas cositas que ahora te pueden caber en la palma de la mano podrán llegar a pesar 120 kilos.

Rescates 24 h / 365 días

Podemos decir que el CRAM es el hospital de urgencias veterinarias de especies salvajes marinas de Cataluña. Siempre que se localiza un animal herido o enfermo, un equipo del CRAM sale disparado para allá (24 horas, 365 días al año) para atenderlo in situ si es muy grande o traérselo a las instalaciones si cabe en la unidad móvil. El objetivo es tratarlo, curarlo y liberarlo cuanto antes a su hábitat natural. Por eso Elsa nos habla de la 'liberación de pacientes' como uno de los momentos más gratos de la actividad de la ONG.

Sin embargo, hay ejemplares que, por diversas razones no podrían volver a adaptarse a vivir en la naturaleza, así que se han convertido en 'residentes': Massa Gran, 4x4, Casimiro y Damm son los nombres de estos longevos inquilinos del CRAM que pueden llegar a vivir más de 60 años. 

El vital voluntariado

 

En estos momentos, una voluntaria está limpiando las algas que se han formado en una piscina, mientras otros se dedican a preparar la comida que le toca a cada tortuga. "La verdad es que los voluntarios son una pieza imprescindible para la supervivencia del CRAM, sin ellos esto no podría funcionar", explica Elsa y Gerard nos desvela por qué le hacía tanta ilusión la visita: "Yo fui voluntario durante siete años en un centro que hace exactamente lo mismo pero en Menorca y con aves, así que todo esto me trae muchísimos recuerdos".

De manera que Gerard, al igual que Elsa, el equipo de veterinarios y voluntarios, han visto de primera mano las consecuencias de la contaminación en la fauna marina. Porque una cosa es que te lo cuenten así en un artículo como este, y otra muy diferente es acudir un domingo a rescatar a una tortuga moribunda con un bastoncillo atravesado en la garganta y tener que operarla de urgencia para sacárselo. Sí, de esos que todos usamos y tiramos como si nada...

 

Ver esta publicación en Instagram

MANTENGAMOS LAS PLAYAS LIMPIAS Este verano verifica, antes de marchar, que no os hayáis olvidado nada en la arena. Y si vuestro vecino de toalla se ha dejado algo, por favor, ¡recogerlo! 🏖️ Disfrutar del verano es posible si cuidamos al planeta que nos permite hacerlo 💙 #ThrowTrashThursday Recuerdan que tenemos un concurso de fotografía en marcha "Emplasticats" 📸 ¡Únete al CRAM para denunciar el uso excesivo de plástico! Más info en bit.ly/emplasticats 🔗 . . #cram #fundaciocram #tortugasmarinas #tortugas #🐢 #especiesprotegidas #endangeredspecies #turtle#seaturtles #marinelife #descobreixcatalunya #catalunyaexperience #igersbaixllobregat #elprat #elpratmola#yosoyteamer #crowdfunding #nonprofit #gestosolidario #donaciones #ayudaraayudar #ayudaraotros#yocambioelmundo #pacientecram

Una publicación compartida de Fundación CRAM (@fundaciocram) el

 

Por este y muchos más gestos sencillos que podríamos cambiar si fuéramos conscientes de la debacle que están causando en nuestro medio ambiente, insiste Elsa en que lo más importante es la labor de educación y sensibilización de las personas. Que pueden ayudar al CRAM haciendo donaciones económicas o como echando una mano como voluntarios, pero la manera más útil para todos es haciendo un cambio de chip y comenzando a llevar una vida más sostenible como nos explica Elsa Jiménez en el podcast Revolución Sostenible.

Dejar un comentario