Cómo afecta la ansiedad a tu piel y qué hacer para recuperar la salud

El ritmo frenético que marca nuestra rutina, vivir el día a día con el piloto automático conectado y no tener apenas tiempo (u olvidarnos de que poseemos ese bien preciado) para respirar sosegadamente durante un minuto, nos está conduciendo hacia las garras de un mal tan común –según la Asociación Española de Psiquiatría Privada, el 40% de la población española padecerá ansiedad a lo largo de su vida– como, en muchas ocasiones, banalizado. 

En España, según la Encuesta Nacional de Salud, elaborada por el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2017, un 7,36% de la población sufría ansiedad, siendo más frecuente en mujeres (9,79%) que en hombres (4,79%).

¿Qué consecuencias tiene padecer este continuo estado de alarma? En primera instancia, problemas digestivos, migrañas, cansancio, tensión muscular, hormigueo frecuente y alteraciones del sueño son las consecuencias más evidentes, pero, por supuesto, la piel también se ve afectada por nuestro estado emocional, perdiendo su lustre y su elasticidad. ¿La razón? El cortisol, la principal hormona del estrés, contribuye a la degradación del colágeno y del ácido hialurónico, imprescindibles para mantener el cutis saludable. 

La piel: un lienzo para tus emociones

“La cara es el espejo del alma”. Esta frase será un tópico, pero no hay verdad más absoluta. Que los surcos se vayan dibujando tu piel con el paso del tiempo es algo tan natural como inevitable, pero cierto es que soportar unos niveles elevados de ansiedad provoca el envejecimiento prematuro, que se refleja con la aparición de arrugas, canas e, incluso, con la caída del cabello. La ansiedad es una de las respuestas más frecuentes al estrés, y cuando este se hace inmanejable, el sistema inmunológico –en conexión con el neurológico y el endocrino– comienza a enviar señales de actuación a los músculos, que aguardan impacientes la acción, y disminuye las energías destinadas para el combate de patógenos

La entrada de esos cuerpos externos a nuestro organismo a través de epidermis se traduce en la aparición en escena de uno de nuestros grandes enemigos cutáneos: el acné, que, como ya comentábamos en Saigu hace unos meses, se ha visto incrementado por el uso de la mascarilla.

Aunque en la mayoría de las ocasiones las espinillas surgen por la acumulación de bacterias en los poros, también tienen un componente hormonal que está íntimamente relacionado con nuestro estado emocional: cuando el estrés se apodera de nosotros, las glándulas suprarrenales producen cortisol –hormona esteroidea– a raudales y, como ya explicamos en su día en nuestro decálogo de consejos para cuidar el cutis, se libera histamina, como si se reaccionara a una alergia

Esto no solo provoca la alteración de los niveles de estrógenos y testosterona, sino que además aumenta la respuesta inflamatoria de nuestra piel. Por ejemplo, las personas que sufren dermatitis atópica presentan más eccemas cuando estos van acompañados de síntomas de ansiedad o depresión. Por otro lado, problemas como la urticaria, la psoriasis o la rosácea también están relacionados con la respuesta al estrés. Sin olvidarnos de la sudoración excesiva, que, aparte de ser el detonante de los famosos “brillos”, provoca que la piel (húmeda) se agriete, se inflame e, incluso, cambie de tonalidad. 

'Tips' para vencer el estrés y mantener la piel sana

Pese a que la ansiedad es un trastorno que debe ser tratado mediante terapia (rompamos con el tabú de acudir a un psicólogo y cuidar de nuestra salud mental), esta serie de consejos, tan evidentes como necesarios, te ayudarán a disminuir tus niveles de estrés progresivamente. Toma nota: 

1. Haz ejercicio

Sabemos que es muy sencillo decirlo y no tanto ponerlo en practica, pero hacer una hora de ejercicio unas 2 o 3 veces por semana, no solo ayuda a que el corazón bombee debidamente la sangre, con lo que nuestra piel recibirá más oxígeno y nutrientes. Esto hará que mejore el brillo y el color de la piel y la sudoración nos permitirá eliminar toxinas y puntos negros.

2. Hidratación como mantra

El cortisol puede obstaculizar la retención necesaria de líquidos, deshidratando y escamando nuestro mejor vestido. Beber (al menos) dos litros de agua al día no cuesta tanto y tu cutis lo agradecerá. ¿Que el agua es insulsa? No hay excusas: alíñala. Si amas las infusiones, te citamos algunas con propiedades beneficiosas para la piel: hinojo, menta, tomillo, melisa, té verde, té blanco, té rojo, lavanda, caléndula o rooibos. Bonus track: un buen producto hidratante por la mañana y otro por la noche es clave para la salud cutánea. 

3. Cuida el ciclo circadiano

O lo que es lo mismo, duerme las horas necesarias. Por la noche se liberan toxinas, nuestra respiración se regula y la presión sanguíneo se equilibra, fomentando así la reparación de las células. Es un momento importantísimo para la piel que necesita todas esas horas para restaurar los daños del día anterior. Una buena rutina de sueño te ayudará a evitar las ojeras y las bolsas en los ojos. 

4. Lleva una buena alimentación

En Saigu abogamos por la alimentación sostenible y, por lo tanto, por reducir el consumo de carne roja y azúcares e ingerir el doble de frutas y vegetales, esenciales para mantener la piel saludable. He aquí diez alimentos que deberían tener una plaza asegurada en tu cocina (siempre y cuando la temporada lo permita) para potenciar la belleza de tu dermis: semillas de chía, endibias, albaricoques, pepinos, pimientos rojos, cola de caballo, cúrcuma, semillas de sésamo, frutos del bosque (ricos en ácido eláico, que reduce la degradación del colágeno causada por el exceso de sol) y espirulina. 

5. Lleva una rutina adecuada

Es verdad que los pasos anteriores son fundamentales para la salud de tu piel y constituyen la base del iceberg de la salud de tu piel. Sin embargo, también puedes ayudar desde fuera hacia dentro. Solemos decirte lo importante que es desmaquillarte antes de dormir, pero también una buena limpieza y tratamientos adecuados para la mañana y la noche.

Antes de salir de casa debes limpiarte y utilizar productos que vayan a proteger tu piel de las agresiones externas (especialmente el protector solar). Y por la noche, desmaquillante, limpieza adecuada para tu tipo de piel y productos que favorezcan esa regeneración nocturna de la que hablábamos. 

En Saigu apostamos por los ingredientes naturales porque nuestro planeta tiene una cantidad ingente de potentísimos activos que nos ayudan a estar mejor por dentro y por fuera. Además, tenemos la surte de tener el ecosistema mediterráneo con ingredientes tan ricos como el aceite de oliva, el romero, la jojoba... Ideales todos tanto para nuestros tratamientos como para nuestro maquillaje. 

6. Practica el 'self care'

Desde un masaje facial hasta un baño relajante, pasando por unos cuantos arrumacos (que nunca están de más) a las personas a las que quieres. Y, sobre todo, desconecta unos minutos al día de Instagram y de sus adictivos filtros. No olvides que “la belleza está en los ojos del que mira”, así que a quererse y a contemplarse con cariño

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