Lo que debes saber sobre la experimentación animal en la cosmética

Nacen en una jaula, se les aplica en la piel un producto químico, se les hace inhalar o se les inyecta otro en los ojos, se espera a ver que efecto tiene. Si se mueren se les lleva a laboratorio para analizar y, si no, se les sacrifica. Esta es la miserable realidad de millones de cobayas, ratones, ratas, conejos o simios pequeños que participan en la experimentación animal científica o industrial. La cosmética ha sido una industria con un gran historial de tortura animal y, aunque actualmente está prohibida en la Unión Europea, todavía no se puede decir que la situación esté resuelta. 

La directiva 2003/15/CE que prohibía la venta de cosméticos testeados en animales de laboratorio en los países de la Unión Europea entró en vigor entre 2004 y 2009 y tuvo alguna prórroga hasta 2013 de manera que, a estas alturas, podríamos decir que se puede comprar con práctica total seguridad. Pero, ¿hay excepciones? ¿qué pasa más allá de nuestras fronteras y especialmente con las marcas internacionales?

La experimentación por países

El mayor problema es que solo Islandia, India, Israel, Nueva Zelanda, Noruega, Serbia, Suiza, Turquía y Guatemala se han unido a esta prohibición, pero el 80% de los países del mundo sí lo permiten y hay algunos, como China, con leyes totalmente opuestas. El gigante asiático considera inseguro vender cosméticos que no han sido testeados en animales por lo que cualquier marca que quiera introducirse en este mercado está obligada a hacerlo para pasar los controles. 

Así que puedes dar por hecho que los gigantes de la cosmética testean en animales, aunque solo sea para el mercado chino y el resto no dan información, por ello puedes consultar listas como la de Consumo Ético, que recoge esta información en la medida de lo posible.

Ingredientes de otros productos

Pero aquí no acaban las excepciones, hay otros recovecos por los que cabe la mala praxis. Por ejemplo, la experimentación animal en otros productos como los de limpieza o los fármacos todavía está permitida de manera que, si hay ingredientes de la cosmética que están presentes en otros productos, entonces sí es posible que hayan sido probados en seres vivos.

También hay ingredientes que se cuelan a través del REACH, el registro europeo de sustancias químicas, una norma muy estricta por el efecto que tienen las sustancias en la salud de las personas y en el medio ambiente. Implementada desde 2006, exige que todos los químicos que recoge hayan sido testeados en animales y, para que te hagas una idea: para probar la toxicidad reproductiva de un solo químico son necesarios hasta 2500 animales.

Métodos alternativos

Evidentemente nadie aspira a sacar al mercado nuevas sustancias y poner en peligro la salud de las personas que las compran, pero hay alternativas. Por un lado se pueden utilizar ingredientes ya existentes y declarados seguros —hay una lista de cerca de 15.000— y también se pueden hacer pruebas alternativas que se han declarado perfectamente fiables.

Sin embargo, a nivel legal, como deben ser sustituidos por métodos alternativos aprobados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, si la empresa alega que no hay otra forma, se les puede dar permiso para saltarse la ley. Por último, también pueden decir que estos métodos nuevos son demasiado caros o difíciles de desarrollar para seguir experimentando con animales. 

Qué puedes hacer

Aunque te hayamos pintado un panorama bastante negro hasta ahora, hay algo de luz si te fijas en unas cuantas premisas a la hora de elegir tu marca. Como decíamos, hay muchísimas sustancias que ya existen, especialmente las naturales, que no necesitan ningún tipo de experimentación. De manera que si miras la etiqueta de tu maquillaje y entiendes el nombre de los ingredientes que contiene, significa que vas por buen camino.

Lo importante es que sepas que no debes renunciar a tus valores, que la industria poco a poco se irá adaptando con las exigencias de todos nosotros, y llegará el día en el que ningún animal tenga que sufrir para que nos podamos maquillar. 

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